Pequeño tratado de cosmoanarquismo

En medio de los escombros el mundo regresa, en la actualización de las viejas historias derrotadas, al retomar bifurcaciones truncadas. Volviendo a aparecer en fragmentos, nos llama a desertar de la circularidad del presente encerrado sobre sí mismo.
Se trata de combatir por el anacronismo. Nada de principios primeros ni de orígenes. El rechazo de la arkhé, de la Ley contra el derecho a existir de tal o cual manera. El anarquismo siempre se ha situado en las fallas de la historia. En la transición sin fin de un mundo a otro abre los caminos a modos de existencia comunales, a otra cosa que las prisiones sociales con sus sujetos. Proclama que algo más que el Todo puede existir, es decir, todo el resto: el compartir, el apoyo mutuo y sus medios de vida. Otra vez los partisanos de una multiplicidad de mundos.
En los recomienzos, nos habla de los fragmentos del mundo y sus potenciales de asociación, de los encuentros entre seres heterogéneos, de la trama insurgente de nuestras interdependencias que generan y hacen existir lugares habitables. El anarquismo ya no será social, será cosmológico.

Escritos desde la tierra baldía

Es ineludible que el eje vertebrador de Escritos desde la tierra baldía es un ciclo de la revuelta, cuyo bucle es inseparable del estado de emergencia pandémica, la brutalidad policial y la tonalidad del dolor (patente en la memoria de los muertos que no cesan de ser convocados) que atraviesa el fin de toda una época civilizatoria, la nuestra. En cierto modo, la revuelta es también una disposición musical ante la acumulación de ruinas.

Fragmentar el mundo. Contribución a la comuna en curso

Necesitamos frenar. Detener la máquina. Perforar el presente para abrirnos a una multiplicidad de tiempos. Ir a otra parte. Pero ya no hay otros lugares que no estén atrapados por la violencia de la metropolización planetaria. Entonces, si los gestos revolucionarios aún pueden renovarse, es haciendo surgir esos otros lugares en nuestro aquí, haciendo diferir los mundos ordinarios que compartimos. En el régimen universal de auto-exposición que desanima al mundo, será creándose secretamente un alma en el encuentro con otras almas que lo lograremos.

Destitución y separación. De la revuelta como experiencia a la dinámica revolucionaria

Afilar un punto de vista revolucionario para atacar el presente, este es el horizonte. Tomar la palabra en un debate que aun no existe, entrar en un banco de niebla y salir con un abecedario. Los años transcurridos han devastado las últimas frágiles certezas que aun mantenían en pie la política revolucionaria. Unos pocos intentos y atisbos de claridad han señalado caminos, mientras al rededor se anda a tientas en la oscuridad. Para salir de esta oscuridad primero hay que encontrarse en medio de ella, enfocarla. A fuerza de ensayo y error, partiendo de una condición situada dentro de la oscuridad, hay que dibujar mapas. Encontrar las palabras que faltan, escapar del cansancio que nos entrega al lenguaje del enemigo, localizar los contornos del propio campo entre el balbuceo y la superficie.

Pensamiento insumiso. Coloquio con la teoría italiana

Si le hemos querido llamar Pensamiento insumiso a esta decena de conversaciones es justamente porque en ellos recogemos la crisis epocal de la política, pero también porque detrás de ella encontramos una dimensión ética que eclipsa las gramáticas orientadas a la normatividad de lo social. Sólo asumiendo esta tarea es que otra política pudiera reaparecer en un mundo entregado a los nuevos tormentos imperiales, cuyo tejido geopolítico se paga con la miseria del propio pensamiento político de la actualidad. Así, el jardín italiano nos ofrece un topoi en el que encontramos refugio del echo chamber del precario estado de nuestras democracias. En efecto, tras la política se abren nuevas posibilidades de transformación, pues ya contamos con la insumisión del pensamiento como vía de escape para encontrar morada en el desierto. Escuchar las voces, de eso se trata. Ya sea la música del etrusco, el paisaje verbal de la poesía o la ruda corporeidad de una revuelta, la noche del presente, el silencio no tiene la última palabra.